Básicamente, la herbolaria es la utilización de plantas para prevenir o tratar diversas enfermedades. Esta práctica es antiquísima, se remonta, muy posiblemente, a tiempos prehistóricos. En la mayoría de las civilizaciones más antiguas, como la china, la egipcia, la persa y la griega se hicieron clasificaciones de los remedios herbarios que formaron parte importante de la “medicina” de la época.
Con la química moderna y el perfeccionamiento de los métodos investigativos de laboratorio, la herbolaria tradicional fue “absorbida” por la farmacéutica contemporánea, pero de hecho, casi la mitad de todos los medicamentos recetados y de venta libre –aspirina, atropina, incluso varios medicamentos anticancerosos- tienen componentes derivados de las plantas, por lo que, puede decirse tienen su “raíz” en la antigua herbolaria.
Sin embargo, hay que aclarar que la herbolaria pura, sigue teniendo sus adeptos e investigadores y practicantes modernos que se denominan a sí mismos
Herbolarios. Además, esta práctica ancestral es parte también de otras terapias alternativas modernas como son la homeopatía, la naturopatía y la aromaterapia.
Según los
Herbolarios, sobre todo los chinos, existe una planta para casi cualquier trastorno, pero, por lo general, se ha comprobado que las hierbas sirven para tratar afecciones leves como pueden ser problemas digestivos, dolor de cabeza, tos, gripe o lesiones en la piel.
Con respecto a las pruebas modernas a las que se ha llegado como consecuencia de distintos análisis de laboratorio, los remedios herbarios producen el efecto buscado sobre las distintas afecciones porque contienen sustancias que desencadenan reacciones bioquímicas específicas. Un ejemplo: Se comprobó que la corteza de una especie determinada de sauce que suele masticar un tipo de indígenas de los Estados Unidos para calmar los dolores de cabeza, posee ácido salicílico, el mismo ingrediente activo de la aspirina moderna.
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